Gritar baja la autoestima de nuestros hijos. Les crea rencor y se alejan de nosotros. Nos hace perder prestigio y respeto ante ellos. Y para colmo, no consiguen que obedezcan. Entonces, ¿para qué gritar?
- Prueba a ponerte a su misma altura. Ponte de cuclillas si es necesario.
- Mírale a los ojos.
- Con voz firme pero suave dile lo que quieres que haga.
- Dile que te repita la indicación en voz alta, así te aseguras que lo ha entendido.
- Acaba con un “Estoy seguro de que tu puedes hacerlo”. Y sonríele.
No siempre obedecerán pero con seguridad que aumentarán en mucho las posibilidades de que lo hagan.¡Y sin efectos secundarios negativos!





