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¿Quejas? No, gracias

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¡Menuda contradicción! ¿Te has parado a pensar por qué aprenden los niños a quejarse? Se trata de un aprendizaje y no de una conducta innata. Piénsalo…

Una queja en un problema no resuelto. Cuando te quejas te debilitas, dejas de buscar la solución para buscar culpables y exiges una solución externa que, si no llega, acrecienta el problema.

Tus hijos NUNCA deben escuchar de tus labios una queja. ¡Si no te gusta que ellos se quejen, deja de hacerlo tú!
En lugar de quejas, verbaliza el problema y trata de buscar una solución.

 

  

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