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Negociar con los hijos

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Negociar es todo un arte. No es fácil. Necesitas orden y paciencia y, sobre todo, voluntad de pactar una solución al conflicto. Llegar a un acuerdo donde no haya vencedores ni vencidos, donde ambas partes ganen y pierdan algo es un ejercicio de tolerancia y de convivencia; es una forma de educación para la paz y la manera más efectiva de involucrar a tu hijo en las cuestiones disciplinarias. La negociación se hace imprescindible en educación.

  1. No negocies cualquier cosa ni a cualquier precio. ¿De qué sirve negociar si tu hijo sabe que no vas a cumplir los acuerdos?  Negociar es eficaz cuando tu hijo sabe que, si no cumple con la negociación, vas a ser inflexible con las consecuencias. Va en juego tu prestigio y tu autoridad ante los ojos de tu hijo. Lo que se establece en el acuerdo se ha de cumplir a toda costa. Si tu hijo no cumple, ha de asumir las consecuencias pero si tú no cumples puede que pierdas por el camino parte del respeto de tu hijo.
  2. Escucha. Aunque no estés de acuerdo. ¿Cómo vas a negociar si solo escuchas tus propias razones y no le das la oportunidad de exponer sus ideas? No interrumpas aunque no te guste lo que estás oyendo. Dale su tiempo para explicarse y anímale a hacerlo.
  3. Concilia. Olvida frases como tienes que“, “es necesario que”, “cuando yo tenía tu edad… Te colocan en una posición “up”, superior. Para negociar hay que estar en un nivel simétrico y facilitador, por ello utiliza expresiones como ¿qué te preocupa?”, “yo creo que”, “me gustaría que”, “en mi opinión”, “me preocupa que”…
  4. Elige el momento. Negociar cuando llegas a casa, cansado de un largo día de trabajo y con los nervios a flor de piel no es buen momento. Para negociar hay que tener un estado de ánimo adecuado porque si no es fácil que pierdas el control frente a tu hijo y la negociación se convierta en una guerra. Puedes ganarla pero, ¿qué ejemplo le estás dando a tu hijo?
  5. No juzgues ni sermonees. No aproveches para sacar asuntos pasados, para recordar errores o para dar una lección moral a tu hijo. Es el momento de escuchar y llegar a acuerdos. Los sermones no tienen lugar aquí.
  6. Nunca le faltes al respeto. Ni siquiera si él te lo falta a ti. Sé modelo de conducta. Para ello, ayúdate pensando que estás negociando con un amigo o un compañero del trabajo. Seguramente harás un esfuerzo por controlar los modos y las palabras.
  7. Recuerda que tú eres el adulto. Si la negociación cambia de derrotero y tu hijo te está poniendo nervioso, lo mejor es parar en seco la conversación y posponerla para el día siguiente. No sirve de nada intentar dialogar, y muchísimo menos negociar, si alguna de las dos partes está a punto de perder el control o ya lo ha perdido. Tú has de reconducir el hijo del dialogo, por lo tanto vigila tu vocabulario y tu tono de voz. Son dos herramientas que pueden ayudarte a llegar al final de la negociación.
  8. Toma la iniciativa. Tú debes tomar la iniciativa si no lo hace antes tu hijo. La mayoría de los conflictos se solucionan negociando por lo que es a ti a quién más interesa negociar. No esperes a que la propuesta parta de tu hijo. Tu eres el adulto, tu el que diriges. Da el primer paso.
  9. Hazlo a solas. Siempre es más fácil negociar con tu hijo a solas que estando en pareja. Tu hijo se sentirá más cómodo y en igualdad de condiciones. Es más fácil que así no tenga que actuar a la defensiva.
  10. Dedícale un tiempo y una atención exclusiva a la negociación. ¿Cómo vas a negociar con tu hijo si a mitad del diálogo os interrumpe el teléfono o si tienes medio cerebro en la conversación y otro medio en la reunión que tuviste esta mañana con tu jefe? Este momento es suficientemente importante como para que apagues el móvil y le dediques toda tu atención.
  11.  No es necesario sentarse uno frente al otro. Quizá es más conveniente negociar con posibilidad de movimiento. De esta manera la conversación resulta menos formal y menos violenta.
  12. Hay que pensar en la posibilidad de que participe un mediador en el caso de que la actitud desafiante de tu hijo pueda hacerte perder los nervios en una conversación. En algunas ocasiones, uno de los miembros de la pareja puede actuar como mediador entre el hijo y el progenitor en conflicto. Si esta medida no es suficiente y dependiendo de la intensidad y del tema a debatir, quizás sea necesaria la colaboración de un familiar, del profesor o tutor del alumno o de un profesional de psicología

   Elena Roger Gamir
Pedagoga
Centro de Desarrollo Cognitivo Cognitum

 

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