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Los hijos y las tareas domésticas. Consejos prácticos.

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Con lo fácil que era antes, ni siquiera tenías que pedírselo: en cuanto tu pequeño te veía con el trapo en la mano corría a ayudarte, y es que le encantaba imitarte. Ahora se le ocurren mil cosas mejores antes que sacar los platos del lavavajillas. Imitar ciertas conductas ya no tiene aliciente, sin embargo, ahora puedes convencerle de otras maneras: tu hijo ha madurado mucho en su capacidad de reflexión y comprensión.

 

  • Cuando le pidas algo déjale un tiempo razonable para cumplirlo.
  • Si está enfrascado en una actividad espera a que la termine. Así verá que respetas sus intereses y no estará tan inclinado a rebelarse contra tu petición.
  • Valora sus intentos y su buena disposición más que sus resultados. Si no ha dejado la habitación tan limpia como esperabas pero lo ha intentado felicítale por ello. Es importante reforzar las actitudes correctas si queremos fomentarlas. Si algo no le sale bien enséñale como hacerlo, pero no criticando sus resultados sino mostrándole que puede hacerlo mucho mejor si aplica ciertos consejos.
  • No le sobreprotejas ni le trates como si fuera más pequeño de lo que es. Deja que solucione él solo las pequeñas dificultades que se le presenten.
  • No hables de las tareas domésticas como algo desagradable pues podrían ser interpretadas como una forma de castigo.
  • Explícale por qué debe colaborar, hazle ver las ventajas de que participe en los trabajos de casa, por ejemplo, si te ayuda a guardar la ropa terminaréis antes y podrás jugar con él a lo que quiera.
  • Aunque ayudar en casa sea una responsabilidad existen excepciones en las que se puede recompensar. Por ejemplo, cuando se le pide un trabajo especial como pintar la valla del jardín. De esta forma se incentiva su trabajo y se le demuestra que también sabemos valorar cuándo está haciendo un esfuerzo extra.
  • No hay “tareas de niño – tareas de niña”. Las diferentes obligaciones deben estar en función de factores como la edad o la capacidad, pero no del sexo.
  • Organizar las tareas semanales de cada uno en reuniones familiares. Es bueno que los propios niños participen en la selección de las responsabilidades así, al poder dar su opinión y defender sus preferencias, se sentirán más partícipes y cumplirán mejor lo acordado. Para que todos se acuerden de lo que les ha tocado hacer esa semana podéis poner un cuadro en la puerta de la nevera.
  • Si asignas los trabajos guiándote por las aficiones y el carácter de tus hijos, también hará que colaboren mejor. Algunas obligaciones son para los niños mucho más llevaderas que otras. No te empeñes en que haga eso que odia tanto y dale cierto margen de libertad para colaborar en lo que menos le desagrade.
  • Con ocho y nueve años se les pueden asignar ocupaciones diarias como dar de comer a la mascota, regar las plantas de casa o poner y quitar la mesa. Cuando son más mayores sacar al perro de paseo, comprar el pan, hacer la cama, ayudar a lavar los platos, sacar la basura… son algunas de las cosas que puedes encargarle.

 

Esther García Schmah
Pedagoga

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