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El diario familiar

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El mundo interior de los seres humanos es tan sumamente rico y complicado que debería ser obligatorio en los colegios y en los talleres de padres aprender a manejarlo. No se aprende por arte de magia a diferenciar ira, enfado o frustración. O amor, satisfacción o alegría.

Por generación espontánea no se aprende a comunicar los sentimientos negativos sin agresividad o a ponerse autocontrol cuando la euforia aparece.

La inteligencia emocional e intrapersonal se aprende como la racional o la social: a base de entrenar y practicar. Y dónde más se practica es en casa.

Por ello te recomendamos que introduzcas en tu hogar un diario familiar.

• Igual que un diario personal, cada miembro de la familia anotará cualquier sentimiento que tenga, acerca de él o de los demás. Todos serán aceptados, aunque sean negativos.

• Algunas familias ponen una única regla: no se permiten insultos ni palabrotas. Otras, incluso lo permiten pues consideran que no es lo mismo escribirlas que decirlas. Eso debes decidirlo tú.

• El diario familiar debe estar al alcance de todos los miembros de la familia, incluidos los pequeños. Un niño pequeño, si no sabe escribir, puede dibujar un sol o una carita sonriente si está contento o hacer un garabato con colores oscuros si está triste. Recuerdo que cuando mis hijos eran pequeños, escribían en el diario y a continuación me avisaban para que yo pudiera leer su comentario. De esta manera podía consolarlos, comprenderlos y reconfortarlos. Ellos buscaban mi intervención porque querían hablar de sus sentimientos conmigo, o mejor dicho, que yo les ayudara a interpretarlos. Eso les daba seguridad.

• Mientras se escriben los sentimientos, la persona (hijo, padre o madre) tiene tiempo de pensar. Poner palabras a las emociones exige reflexión. Posteriormente, es más fácil hablar sobre lo que está escrito, ya con más distanciamiento y menos reactividad.

Aquí tenéis algunos ejemplos sacados de un diario familiar:

Día 20 de marzo:
Estoy muy triste porque Carlos se ha ido a la cama enfadado conmigo y ni siquiera ha dicho buenas noches. Creo que no se ha parado a pensar en lo que ha ocurrido esta tarde. Siento mucho que se sienta triste y ofendido. Le quiero mucho y me duele que esté enfadado conmigo. Yo no lo estoy con él. Te quiero, Carlos.
Papá

Día 21 de marzo:
Mamá, ya no te quiero porque eres una bruja y por eso me enfado.
Ignacio (6 años)

Respuesta a la nota anterior:
Pues yo te quiero mucho Ignacio y me gusta que escribas cómo te sientes en este diario.
Mamá

Día 22 de marzo:
Hola papá, soy Pau, y escribe mamá por mí. Tengo ganas de verte y que me cuentes un cuento. Te quiero mucho. 
Pau, 5 años.

Día 3 de abril
Estoy muy enfadada con vosotros. No había necesidad de gritarme ni de confiscarme el móvil. No quiero hablar con vosotros y no entréis en mi cuarto. Las cosas se pueden hacer de otra manera.
María, 16 años.

Día 4 de abril
Soy muy feliz con mamá y con vosotros. Y estoy especialmente contento porque Alex empieza a escribir muy bien.
Papá

Nos encanta esta herramienta. No os imagináis lo que puede dar de sí si sabéis mediar con vuestros hijos… Un tema lleva a otro tema, un enfado lleva a un abrazo, una mala interpretación lleva a un aclaración, una ofensa lleva al perdón, un rechazo lleva a un acercamiento
Con el diario familiar, con las preguntas estratégicas y con una actitud de respeto absoluto puedes llegar a tocar el corazón de tus hijos. Con los pequeños y los mayores. ¡Y ellos el tuyo!

 

Elena Roger Gamir
Pedagoga – Solohijos.com

  

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