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¿Cómo se negocia con los hijos?

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Negociar cuando los hijos son pequeños es sencillo: “cuando acabes con los garbanzos podrás elegir el postre”. Pero cuando llega la adolescencia esta negociación es mucho más compleja.

Negociar ahora no es tan fácil. Exige que los adultos estén dispuestos a escuchar y observar a sus hijos, que sean capaces de comprender sus sentimientos; que exista una comunicación eficaz y que sepan ambas partes resolver los problemas empáticamente.
Y por supuesto exige que los padres, cuando los hijos no cumplen con su parte del compromiso, hagan cumplir las consecuencias. Sin este último requisito, la negociación no existe. Y la autoridad tampoco.

Proceso de negociación

  1. Esperar a que las dos partes estén serenas: sin prisas, sin nervios, sin tensión.
  2. Invitar al hijo a que cuente su versión del problema. Es importantísimo en este punto que tu hijo se sienta escuchado. Si se siente así, es más fácil que también él te escuche. Utiliza frases como “me gustaría oír tu opinión, cual crees que es el problema, qué piensas de este asunto…”
    Por ejemplo. Andrés, 15 años.
    Madre: Parece que te resulta muy difícil acatar las normas de la casa sobre el uso del ordenador entre semana. Me gustaría saber cuál es tu opinión.
    Andrés: Soy el único del grupo que no chatea por la noche, me están dejando de lado y ya no cuentan conmigo para divertirse en la red.
  3. Dejar muy claro cuál es tu punto de vista, explicándole tus razones.
    Madre: Entiendo lo que me dices pero duermes una media de 6 horas, apenas te queda tiempo para estudiar y para ayudar en casa; cuando te llamo para hacer algo en familia (y tienes que interrumpir tu sesión) te enfadas conmigo y en ocasiones me faltas al respeto. Estás siempre enfadado si no estás conectado con tus amigos y esa actitud no me gusta. Estoy realmente preocupada.
  4. Animar a tu hijo a buscar soluciones que contenten a ambas partes.
    Madre: Creo que ha llegado el momento de que lleguemos a un acuerdo y que busquemos una solución que nos satisfaga a los dos. El año pasado fue un año duro por culpa de este mismo motivo y creo que, si lo intentamos por las dos partes este año, podremos conseguir que tengas tus momentos de facebook con los amigos y que cumplas con tus otras responsabilidades. Quiero saber tu opinión. Si se te ocurre una solución plausible, en la que los dos estemos de acuerdo, yo la respetaré y la llevaremos a cabo durante un mes. Si después de este tiempo vemos que puede ser una solución definitiva, la seguiremos aplicando. Si no cumples con ella o no es tan beneficiosa como creíamos, volveremos a revisarla ¿Se te ocurre alguna idea?
  5. Escuchar las ideas que te diga tu hijo y aportar las tuyas propias. En este punto, lo más recomendable es que pongáis las ideas por escrito para luego leerlas en voz alta, ir eliminando las que no son válidas o reformulando en función de la negociación:
    – Andrés: Me conectaré al facebook solo los viernes, sábados y domingos, tres horas cada uno de estos días.
    – Andrés: Me conectaré al Messenger entre semana, de 22,00h a 23,00h, siempre que haya acabado mis estudios, sacado el fregaplatos y duchado.
    – Madre: 
    El uso del facebook va unido a las notas sacadas en el colegio. Si no traes suspensos, hay red social una hora al día; fines de semana, dos. Si hay suspensos, se elimina este privilegio hasta la siguiente evaluación.
  6. Elegir la que satisfaga a los dos, concretando cómo llevarla a cabo.
    Madre: Me parece bien que te conectes una hora al día, al acabar tus deberes y obligaciones. De 22,00h a 23,00h es correcto y solo mientras mantengas tus notas. En cuanto bajen, desaparece esta norma y se elimina el ordenador.
    Andrés: Vale, pero con una condición: que nadie me interrumpa durante ese tiempo. Es mi tiempo y lo quiero aprovechar. Y otra cosa, ¡se llama antes de entrar al cuarto!
    Madre: De acuerdo. Pero yo no te controlo el tiempo; lo deberás hacer tú. Para ello, te pondré un cronómetro junto al ordenador. Abusar del tiempo con el ordenador implica no conectarse al día siguiente.
  7. Una vez llegado a un acuerdo, demuéstrale que es importante para ti haber negociado con él y trasmítele tu confianza en la consecución del pacto.
    Estoy muy contenta de haber llegado a este acuerdo. Estoy seguro de que ambos lo podemos respetar. Gracias por ceder en algunas cosas que sé que son importantes para ti.

Madre e hijo se comprometen a algo. El primer paso ya está dado. Han llegado a un acuerdo. Pero, ¿qué pasa cuando el hijo no cumple con su parte del trato?

Elena Roger Gamir
Pedagoga
Centro de Desarrollo Cognitivo Cognitum

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